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LA PLAYA DE PANDO, ENTRE DOÑA ISABEL II Y DOÑA PAZ

En 1858, dos años después de la inauguración del Ferrocarril de Llangréu, la reina Isabel II pasó diecinueve días del mes de agosto en Xixón. Durante su estancia, la Reina (tal vez para apagar sus ardores, que los maledicientes afirmaban que su marido, don Francisco -al que las malas lenguas vestían de puntillas y apodaban doña Paquita-, no era capaz de satisfacer) probó las frías aguas del Cantábrico, en las cuales introducía sus jaraneras y rubensianas carnes desde la playa o arenal de Pando, lo que es hoy el puerto deportivo.

Casi ciento cincuenta años después de aquella visita regia a la ciudad que denominaría Regium Pérez de Ayala, una alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, ha venido a sentar también sus reales en la antigua playa de Pando, con la construcción de un voluminoso edificio cuya pretenciosidad en el nombre y en el concepto no oculta que sus funciones son las mismas que antes el pueblo llano realizaba, gratuitamente y en espacio público, mediante los impares chapuzones del sábanu y los baños de carquexa (los cuales, entre otros lugares, se efectuaban, precisamente, al lado, en el Natahoyo, cuyo nombre, por cierto, las mentalidades horteras, foriates y sin raíces que nos gobiernan desde 1979 vienen intentando sustituir por el de Poniente).

Ligada aquella visita real al tren carbonero -en el cual las testas coronadas tenían intereses-, podríamos recordar que el ferrocarril que desembocaba en El Humedal supuso para nuestra ciudad una notable pujanza económica, al desarrollar la industria, el comercio y el empleo durante décadas. Pero sería una malignidad establecer una relación entre aquel impulso regio y la actividad regente de doña Paz Fernández Felgueroso y su partido, quienes, tras haber gobernado a lo largo de cinco lustros (desde 1979), tienen el triste registro de haber sostenido permanentemente el desempleo más alto de Asturies y de no haber siquiera podido proporcionar suelo industrial suficiente (no digamos ya barato) a los inversores. Sería una malignidad, digo, y no lo haremos.

Pero sí parece justo señalar que mientras el paso de la real jamona no dejó de sí más constancia que un efímero arco triunfal de carbón, algunos poemas en asturiano -siempre obligados, hasta mediados del siglo XX, cuando se producían visitas de este tipo- y, sin duda, las imágenes con que ella y su séquito impresionarían las retinas de los xixoneses de la época (imágenes, ¡ay!, tan irrecuperables como la vividez de aquellos ojos que las captaron para atesorarlas en sus memorias), el paso por la alcaldía de nuestra prócera va a dejar la imborrable presencia de un edificio que, ocupando el dominio público, nos privará del privilegio de ver el horizonte y la mar en una parte importante de El Muelle.

A lo largo de todos siglos de nuestra historia, los ciudadanos de Xixón que circularon desde la margen este de la Atalaya cimavillense hacia el Natahoyo (una antigua villa salinaria y piscatoria vendida en 1078 por 1.375 sueldos, pagados la mayoría de ellos en especies, entre otras, un caballo enjaezado) pudieron ver, allá en el horizonte, la Campa Torres, el promontorio donde algunos de sus antepasados, tal vez de los llamados cilúrnigos, fabricaban -en lo que sería una premonición del futuro de nuestra urbe- productos metalúrgicos que vendían a gentes venidas de lejanas tierras (¡ah, la globalización, esa condición fundacional de la especie humana!), hasta que probablemente una conjunción de exigencias indebidas y de incapacidad para adaptarse a los nuevos tiempos de la realidad del mundo (¡oh, otra vez el déjà vu!) convirtió esos productos en invendibles. Han tenido que llegar el siglo XXI, el partido socialista y la alcaldesa Paz Fernández Felgueroso para que a los xixoneses se los haya privado de ese sempiterno patrimonio colectivo y se haya puesto su usufructo en manos privadas.

Porque una cosa es decir y otra, hacer. Y frente a la actuación de la Alcaldesa, que se ha erigido a sí misma ese monumento de dudoso gusto en la playa de Pando, brilla la discreción de aquella Reina que, allá en los amenes de su reinado, diez años después de la gira asturiana, recibía la Rosa de Oro de Su Santidad Pío IX, el Papa en honor al cual, por proclamar la Bulla Ineffabilis o de la Inmaculada Concepción, un pastelero de Santa Fe, Granda, inventó y bautizó esa delicia reposteril que llamamos piononos.

Degusten ustedes una de eses llambiures que con tanta perfección confeccionan en los establecimientos del ramo de nuestra ciudad, a fin de aliviar, al menos por un rato, el amargor de la agresión de nuestra alcaldesa y su partido a nuestro patrimonio. Y, en tanto lo hacen, mediten ustedes en quién depositan su fe, a quiénes entregan ustedes la Rosa de Oro de su voto, merecedor, sin duda, en muchos casos, de mejor suerte.

Xuan Xosé Sánchez Vicente (PAS)
Fdo. Xuan Xosé Sánchez Vicente
Presidente del PAS
Candidatu a l'alcaldía de Xixón por UNIÓN ASTURIANISTA (PAS-URAS)
La cai d'El Carme, 16 Entesuelu. 33206 Xixón-Asturies
Teléfonu: 985 341 961
FAX: 985 341 732
Unión Asturianista PAS-URAS

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