
La mayoría de los españoles conocen —cuando menos a través de sus lecturas escolares— que la definición de «esperpento» proviene del Luces de Bohemia de Valle-Inclán. Allí sostiene que la realidad española, «deformación grotesca de la civilización europea», sólo puede ser reflejada adecuadamente mediante los espejos —deformantes, «de la risa»— de un lugar del Madrid de la época llamado «el callejón del Gato». Estaba absolutamente equivocado: para traducir lo grotesco, lo estrafalario de nuestra realidad, basta con un espejo simple y limpio, donde, sencillamente, se refleje lo que hay. Comprobémoslo en tres escenas actuales.
Siberiana. La ministra de Fomento, doña Magdalena ...
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