Antes de seguir ustedes adelante, con el fin de que tengan un criterio objetivo para valorar lo que aquí se dice, háganse la siguiente pregunta: ¿han visto ustedes en el ámbito del Estado que las organizaciones sindicales y patronales hayan dispuesto del dinero de los Presupuestos (hasta 3.961 millones de euros) para darle destino, por ejemplo, en carreteras, saneamientos, transportes o centros culturales? ¿Han contemplado en el ámbito de alguna comunidad autónoma cosa parecida? Si la respuesta es negativa, como no puede ser de otra forma, estarán ustedes dispuestos para, sin sacudidas emocionales, adentrarse en lo que sigue.
Y es que, sin duda, esa anomalía, repetida cada cuatro años bajo algún nombre más o menos pomposo (esta vez ACEBA: no se rían, no hagan un calambur), de que las organizaciones sindicales y patronales diseñen parte de las ocupaciones de la Administración y manejen un trozo no desdeñable del Presupuesto (16.000 millones de pesetas) no corresponde a ningún uso democrático. Remite, más bien, a una concepción organicista o corporativista de la sociedad, semejante a aquellas que recorrieron Europa, desde Inglaterra a Italia, en los primeros treinta años del pasado siglo, concepción que, por sus antecedentes aquí, bien podríamos llamar «primorriverismo». En cualquier caso, una conducta bien alejada de la modernidad y de lo que entendemos, stricto sensu, como usos democráticos.
Que los firmantes procedan de este modo no tiene nada de extraño. Es reflejo, en gran medida, de su mentalidad, conformada a lo largo de muchas décadas en un peculiar entendimiento de lo que es la sociedad, de lo que son las instituciones y de cuál es el núcleo constitutivo de la democracia y de la representación en ella de la voluntad individual de los ciudadanos. No olvidemos, por ejemplo, que para el ámbito sindical próximo al PSOE las cuestiones de la democracia eran cuestiones más bien propias de los burgueses, y que lo que debía preocupar fundamentalmente a los obreros eran, por ejemplo, las relativas a los sueldos, las casas o la salud. Con esa concepción del mundo (con esa ideología, por utilizar una palabra con que se les llena la boca a quienes profesan en esa creencia) no es extraño que UGT y PSOE no tuviesen inconveniente alguno en colaborar con la dictadura de Primo de Rivera y su estado de obras y en formar parte de sus instituciones (por cierto, cuando Rodríguez Zapatero dice que el patriotismo consiste en hacer llegar el AVE a Valladolid refleja esa mentalidad, que no es otra, evidentemente, que la expresada, más acá, por Fernández de La Mora en «El crepúsculo de las ideologías»). Pero no olvidemos, además, que para la mayoría de los militantes y votantes del PSOE la democracia con votos y parlamentarismo se motejó siempre como «democracia burguesa», es decir, un término despectivo para designar lo que quería significar en realidad, «democracia ficticia o basura». Y es evidente que esa concepción, si no explícita, debe seguir anidando o pesando en muchos de quienes se declaran de esa fe (perdón, ideología).
¿Y qué decir de los otros concurrentes? Es evidente que para quienes se mueven en el ámbito del comunismo el concepto de democracia encerró siempre usos y valores incompatibles con lo que entendemos por democracia representativa y parlamentaria: para ellos las únicas democracias válidas fueron siempre las «populares», es decir, las que aunaban y aúnan dictadura y privilegios del Partido Comunista, miseria para todos y cárcel o campos de concentración para los disidentes. Que eso sigue siendo así en gran medida para muchos o que continúan teniendo una gran comprensión hacia ello lo testifica don Gaspar Llamazares cuando recientemente negó que Cuba fuese una dictadura: «Es otra cosa», dijo, «es una revolución».
A todo ello se suma en Asturies una especial sensibilidad llariega, un endemismo generalizado, que pudiéramos llamar «mentalidad de economato o economatitis», que afecta a una parte notable del conjunto de la población, tanto de los sedicentes de izquierdas como de derechas. Se trata de una mentalidad construida a lo largo de décadas viviendo al amparo de las grandes empresas industriales o extractivas -no sólo públicas-, lo cual ha generado el psiquismo de sentirse cómodo sólo bajo la tutela de un patrón que nos arregla y garantiza ciertos aspectos de nuestra vida, en todos los órdenes, y que, además, nos concede ciertos pequeños privilegios de los que no todos nuestros vecinos disfrutan. Esa mentalidad, tan extendida, es una de nuestras características más acusadas, y, actuando como rémora, explica gran parte de nuestras conductas y nuestra mentalidad colectiva, en la que, por cierto, cualquiera que llega de fuera detecta inmediatamente un cierto aroma a tiempos periclitados.
He ahí la razón -junto con la de la escasa entidad en Asturies de una opinión pública autóctona- de que apenas venga causando escándalo en el pasado, ni lo haga ahora, en el presente, esa conducta, tan impropia de los usos democráticos homologables, tan de la democracia orgánica, de que patronal y sindicatos, impulsados y tutelados por ciertos partidos políticos, decidan el destino de los fondos de todos los ciudadanos, incluidos aquellos, naturalmente, que manejarán ellos mismos, un gran bocado, a través de cursos y programas de formación y fomento.

Fdo. Xuan Xosé Sánchez Vicente
Presidente del Partíu Asturianista (PAS)

una critica estupenda al corporativismu muches gracies !
ta uste volviendose un liberal clasicu sr sanchez vicente ? ,,, si fuera el casu felicidaes
La ideología del Partíu Asturianista como dicen algunos de los que lo critican está “más allá del bien y del mal”.
No es que el Partíu Asturianista sea la panacea, la verdad es que no es que esté “más allá del bien y del mal” sino que la realidad es la mayoría de las veces más complicada que los tonos blancos y negros que nos intentan vender (convirtiendonos en hinchas no críticos de una ideología) sino grises.
Y en este caso de los presupuestos, tanto el PSOE con su concertación “social” pasando a deslegitimar a los parlamentarios que no son de su partido en la Junta General habiendo sido éstos democráticamente elegidos por los asturianos (mejor o peor, pero elegidos repito democráticamente, no exclusivamente por su poder de lobby sindical o económico); como el PP e IU con su “no” (que es muy legítimo) pero no siendo realizado por ánimo de mejorar Asturies si no por un ánimo exclusivamente electoral; no obran por el bien de los ciudadanos que es como deben obrar los partidos políticos.