A propósito de unas palabras de Don Álvaro Cuervo….
Hace pocos días, el profesor don Álvaro Cuervo pronunciaba una conferencia (sustanciada poco después en LA NUEVA ESPAÑA) que ha suscitado ronchas y protestas entre los dueños y beneficiarios del cotarro asturiano, quiere decirse, entre «las fuerzas vivas». Sin embargo, las palabras del profesor carreñense no van más allá de lo obvio y lo mostrenco. Efectivamente, no constituye más que la mostración de la evidencia el señalar que, pese al esfuerzo inversor de las administraciones europeas y del Estado, nuestra economía no crece al ritmo del resto; el porcentaje de nuestra población activa es notoriamente menor; la innovación, escasa; la ocupación de mercados o expansión en ellos, limitadísima; las perspectivas futuras para la juventud, de color subsahariano; nuestro tejido productivo, ni variado ni puntero. Apuntar que ese fracaso no se debe únicamente a la situación de partida de nuestra estructura productiva, sino, fundamentalmente, a lo equivocado de las recetas (y, por tanto, a lo erróneo de las políticas de gasto), y hasta a lo disparatado de alguna de ellas, no es otra cosa más que indicar lo indiscutible. A ese respecto, por ejemplo, don Álvaro apuntaba el ejemplo de la inversión en El Musel, que podríamos calificar de «proyecto económico barón-castañesco», pues, en efecto, pensar que un puerto, de por sí, genera actividad económica, cuando su utilidad es la de acelerar el intercambio económico producido en su periferia, es una idea semejante a la de levantarse uno a sí mismo en el aire tirándose de los pelos, como hemos afirmado ya hace mucho tiempo.
Hemos dicho que las propuestas de don Álvaro no van más allá de lo obvio y lo mostrenco. No se entienda que con esos términos queremos minusvalorar sus palabras, sino, por el contrario, subrayar lo inapelable de su verdad, su evidencia. Por ejemplo, una de sus ideas fuertes, la de la necesidad de poner el énfasis en el mercado y en los empresarios (o, mejor, de aceptar que esa es la sustancia de la actividad económica), la hemos impulsado nosotros a lo largo de más de diez años, poniendo en marcha un «Premiu a la meyor empresa asturiana del añu», precisamente para reconocer y estimular esos valores, esa verdad y esa necesidad. En otro orden de cosas, venimos señalando desde 1995 (remitimos a nuestro programa económico de esa fecha) la absoluta necesidad de disponer de suelo industrial barato, abundante y bien comunicado. No ha sido ésa una atención que haya preocupado excesivamente a las «fuerzas vivas»: no hay más que ver que cada nueva parcela industrial en Asturias tiene una lista de espera de cinco empresas. Si quieren ustedes abundar en ello, visiten la accesibilidad de nuestros polígonos industriales o recuerden cómo el La Peñona de Xixón o el PEPA de Avilés tardan más de diez años en terminarse (y, con respecto a éste, todo el ámbito de la ría no está aún resuelto: comparen con Bilbao). » Leer más: ¿quién le pone el cascabel al gato?