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Coríos

19 junio, 2013
N'El Piles, el 11/06/2013. Esti añu vi poques ñeraes nel ríu. Nada más esta, de siete, y una d'ún.


Cómo meter la cuyar ensin que se vean la cuyar nin la mano

19 junio, 2013
Como puru exerciciu de pragmática llingüística y de "perspectiva" periodística:

Un dixital titula:
Rajoy anuncia signos positivos de recuperación, pero mantendrá sus políticas
¿Por qué pero? ¿Por qué non por lo que, que ye lo que diz en realidá Rajoy na intervención que da pie al titular? ¿O por qué non la mera continuativa y neutra y?

Como puede vese, pa facer opinión, anque paeza facese información, nun fai falta más qu'una conxunción.

Bon día.

LOS ORÍGENES Y EL FONDO DE LA CRISIS (III)

19 junio, 2013
Publico aquí una serie de artículos con los que en años anteriores predije la crisis, analice sus causas o propuse soluciones. Releerlos nos ayuda a entender el fondo de nuestros problemas, a ver lo que aún no hemos solucionado (las causas estructurales de nuestra economía) y a intuir el camino que hemos de recorrer.
Por otro lado, los datos y las informaciones nos permiten salir del presente y recordar lo que sucedía solo hace tres, cuatro cinco años.


             ENTRE LA BABAYADA Y LA MAGIA

                        (10/05/09)

El discurso sobre la crisis ha puesto de manifiesto mucha incompetencia, mucha mentira y mucha desorientación en los discursos de los economistas y los políticos. Diagnósticos y pronósticos han sido en su mayoría, al igual que las actuaciones, más palos de ciego que otra cosa. Algunas de las afirmaciones sobre el discurrir futuro han destacado especialmente por constituir un puro eructus vocis, una especie de cruce entre la babayada —el puro hablar por no callar— y el conjuro mágico. Permítanme destacar cuatro de ellas.
Entre las más recientes y notables se encuentra la que, con motivo de la visita a nuestro país, el jueves 23 de abril, pronunciaba en portada de La Nueva España el Ministro de (Cada Vez Menos) Trabajo, don Celestino Corbacho: «Para crear más puestos de trabajo y salir de la crisis hay que activar el consumo, no abaratar el despido». Desde luego, con esta tochura, don Celestino Corbacho (¿de la inteligencia?) bien puede ocupar un puesto de honor al lado de aquel presidente estadounidense de los años veinte del siglo pasado, Calvin Coolidge, que llegó a enunciar aquella perogrullada de que «si se despide a mucha gente se produce paro». Porque es evidente que, si hay dinero, hay consumo. El problema es cómo conseguir que haya dinero, esto es, trabajo. Pues, de otra manera, ¿cómo va a gastar quien no tiene para ello por no ganarlo o cómo hacer que el que aún tiene ahorros no tema por su empleo futuro? Por lo demás, ese camino ya lo intentó este gobierno con los 400 euros que devolvió y no tuvo ello ninguna incidencia en la economía.
Aguantó casi dos años en cartelera el recitado de que «ahora que la construcción va perdiendo fuerza tomará su puesto la industria como creadora de empleo». Recordarán ustedes que no constituía sólo una logomaquia de políticos o sindicalistas, sino que abundaban en ello también algunos expertos en economía. Y, sin embargo, la proposición carecía por completo de sentido. En primer lugar, porque si la industria hubiese sido rentable ya habría tenido en aquellos momentos una mayor proporción en el PIB y en el empleo. En segundo lugar, porque la rentabilidad (la posibilidad, en realidad) de la industria implica una superior concentración de capitales que la construcción, necesita de complejos procesos de conocimiento y técnica, un mayor tiempo para su inserción en el mercado y, sobre todo, depende de la capacidad de las nuevas industrias para competir en el ámbito internacional, tanto en innovación como en calidad y precio.
            Sigue siendo una formulilla habitual la de que «es necesario un cambio de modelo económico». He aquí otro no-sentido, otro eructus intellectus. Supongamos que no se quiere afirmar mediante la troquelación que se deba pasar de una economía de mercado o libre a una economía planificada o comunista (que algunos, sí, es lo que quieren decir). De no ser ello, nada se dice entonces, porque la economía (el modelo económico) no se planifica: acuden las voluntades, los saberes y los capitales allí donde creen que pueden satisfacer necesidades, con ganancia para quienes a ellas subvienen. Y ahí no cabe hacer otra cosa que facilitar que fluyan las voluntades creadoras, moviendo obstáculos legislativos o de otro tipo, proporcionando facilidades económicas, agilizando trámites, etc. ¿Se está haciendo algo de todo ello? Como muchas veces he sostenido en estas páginas, rotundamente no. Cuando en el resto de Europa empiece a crecer la economía nosotros, ni los asturianos ni los españoles, no habremos puesto un solo pegollu para levantar el edificio.
            La última jaculatoria es la de que «despedir en España es muy barato, por eso hay ya cuatro millones de parados». Dejemos a un lado cuáles son las condiciones del despido en España y olvidémonos —que ya es bastante olvidarse— de que la cuestión es la de si la legislación vigente facilita el contratar y anima a ello, no la de si es dificultoso o no rescindir contratos. Pero, reitero, echémoslo a un lado, vengamos al tópico recitativo. ¿Se puede concluir del número de parados que el despido es barato? Pues no. Se podría concluir que es caro el puesto de trabajo, y por eso se despide; que si no fuese tan caro el despido habría aún más parados, y, entonces, sería una bendición su alto costo; que por ser muy caro y dificultoso han tenido que cerrar muchas empresas, y que por eso hay tantos parados. O, incluso, se podría concluir lo que la frase afirma. De modo que el fervorín nada dice, es una pura flatulencia que no puede ocultar la magnitud del problema: tenemos el doble de parados que la media europea.
            Así que unas veces nos mienten, otras hablan por hablar y, en ocasiones, emiten conjuros mágicos, por ver si propician que la realidad cambie al llamado de las palabras.
            Claro que, ritual por ritual, los antiguos tenían más estilo para fórmulas apotropaicas. Tal Jerjes cuando mandó azotar el Helesponto a fin de que no se le rebelara en una segunda ocasión y no volviera a fundir su puente de barcas. ¿Qué tal si don Zapatero y sus ministros —acolitantes Cándido Méndez e Ignacio Fernández— azotasen en plena plaza de Oriente a la crisis, para que se sometiese de una vez?
            Podrían completar el acto doña Bibiana Aído y las ministras, realizando, en el otro extremo de la explanada, un acto simétrico, sólo que, en su ritual, azotarían al crisos, para que así se llevase al extremo la imprescindible igualdad de género. Con zurriagos, con vergajos, con rebenques. O si se quiere, con Corbachos.

            El caso es castigar a la insolente crisis, para que se vaya de una vez por todas y, sobre todo, para que deje de poner en peligro los puestos de trabajo… de las ministros y los ministras.

LOS ORÍGENES Y EL FONDO DE LA CRISIS (III)

19 junio, 2013
Publico aquí una serie de artículos con los que en años anteriores predije la crisis, analice sus causas o propuse soluciones. Releerlos nos ayuda a entender el fondo de nuestros problemas, a ver lo que aún no hemos solucionado (las causas estructurales de nuestra economía) y a intuir el camino que hemos de recorrer.
Por otro lado, los datos y las informaciones nos permiten salir del presente y recordar lo que sucedía solo hace tres, cuatro cinco años.


             ENTRE LA BABAYADA Y LA MAGIA

                        (10/05/09)

El discurso sobre la crisis ha puesto de manifiesto mucha incompetencia, mucha mentira y mucha desorientación en los discursos de los economistas y los políticos. Diagnósticos y pronósticos han sido en su mayoría, al igual que las actuaciones, más palos de ciego que otra cosa. Algunas de las afirmaciones sobre el discurrir futuro han destacado especialmente por constituir un puro eructus vocis, una especie de cruce entre la babayada —el puro hablar por no callar— y el conjuro mágico. Permítanme destacar cuatro de ellas.
Entre las más recientes y notables se encuentra la que, con motivo de la visita a nuestro país, el jueves 23 de abril, pronunciaba en portada de La Nueva España el Ministro de (Cada Vez Menos) Trabajo, don Celestino Corbacho: «Para crear más puestos de trabajo y salir de la crisis hay que activar el consumo, no abaratar el despido». Desde luego, con esta tochura, don Celestino Corbacho (¿de la inteligencia?) bien puede ocupar un puesto de honor al lado de aquel presidente estadounidense de los años veinte del siglo pasado, Calvin Coolidge, que llegó a enunciar aquella perogrullada de que «si se despide a mucha gente se produce paro». Porque es evidente que, si hay dinero, hay consumo. El problema es cómo conseguir que haya dinero, esto es, trabajo. Pues, de otra manera, ¿cómo va a gastar quien no tiene para ello por no ganarlo o cómo hacer que el que aún tiene ahorros no tema por su empleo futuro? Por lo demás, ese camino ya lo intentó este gobierno con los 400 euros que devolvió y no tuvo ello ninguna incidencia en la economía.
Aguantó casi dos años en cartelera el recitado de que «ahora que la construcción va perdiendo fuerza tomará su puesto la industria como creadora de empleo». Recordarán ustedes que no constituía sólo una logomaquia de políticos o sindicalistas, sino que abundaban en ello también algunos expertos en economía. Y, sin embargo, la proposición carecía por completo de sentido. En primer lugar, porque si la industria hubiese sido rentable ya habría tenido en aquellos momentos una mayor proporción en el PIB y en el empleo. En segundo lugar, porque la rentabilidad (la posibilidad, en realidad) de la industria implica una superior concentración de capitales que la construcción, necesita de complejos procesos de conocimiento y técnica, un mayor tiempo para su inserción en el mercado y, sobre todo, depende de la capacidad de las nuevas industrias para competir en el ámbito internacional, tanto en innovación como en calidad y precio.
            Sigue siendo una formulilla habitual la de que «es necesario un cambio de modelo económico». He aquí otro no-sentido, otro eructus intellectus. Supongamos que no se quiere afirmar mediante la troquelación que se deba pasar de una economía de mercado o libre a una economía planificada o comunista (que algunos, sí, es lo que quieren decir). De no ser ello, nada se dice entonces, porque la economía (el modelo económico) no se planifica: acuden las voluntades, los saberes y los capitales allí donde creen que pueden satisfacer necesidades, con ganancia para quienes a ellas subvienen. Y ahí no cabe hacer otra cosa que facilitar que fluyan las voluntades creadoras, moviendo obstáculos legislativos o de otro tipo, proporcionando facilidades económicas, agilizando trámites, etc. ¿Se está haciendo algo de todo ello? Como muchas veces he sostenido en estas páginas, rotundamente no. Cuando en el resto de Europa empiece a crecer la economía nosotros, ni los asturianos ni los españoles, no habremos puesto un solo pegollu para levantar el edificio.
            La última jaculatoria es la de que «despedir en España es muy barato, por eso hay ya cuatro millones de parados». Dejemos a un lado cuáles son las condiciones del despido en España y olvidémonos —que ya es bastante olvidarse— de que la cuestión es la de si la legislación vigente facilita el contratar y anima a ello, no la de si es dificultoso o no rescindir contratos. Pero, reitero, echémoslo a un lado, vengamos al tópico recitativo. ¿Se puede concluir del número de parados que el despido es barato? Pues no. Se podría concluir que es caro el puesto de trabajo, y por eso se despide; que si no fuese tan caro el despido habría aún más parados, y, entonces, sería una bendición su alto costo; que por ser muy caro y dificultoso han tenido que cerrar muchas empresas, y que por eso hay tantos parados. O, incluso, se podría concluir lo que la frase afirma. De modo que el fervorín nada dice, es una pura flatulencia que no puede ocultar la magnitud del problema: tenemos el doble de parados que la media europea.
            Así que unas veces nos mienten, otras hablan por hablar y, en ocasiones, emiten conjuros mágicos, por ver si propician que la realidad cambie al llamado de las palabras.
            Claro que, ritual por ritual, los antiguos tenían más estilo para fórmulas apotropaicas. Tal Jerjes cuando mandó azotar el Helesponto a fin de que no se le rebelara en una segunda ocasión y no volviera a fundir su puente de barcas. ¿Qué tal si don Zapatero y sus ministros —acolitantes Cándido Méndez e Ignacio Fernández— azotasen en plena plaza de Oriente a la crisis, para que se sometiese de una vez?
            Podrían completar el acto doña Bibiana Aído y las ministras, realizando, en el otro extremo de la explanada, un acto simétrico, sólo que, en su ritual, azotarían al crisos, para que así se llevase al extremo la imprescindible igualdad de género. Con zurriagos, con vergajos, con rebenques. O si se quiere, con Corbachos.

            El caso es castigar a la insolente crisis, para que se vaya de una vez por todas y, sobre todo, para que deje de poner en peligro los puestos de trabajo… de las ministros y los ministras.

LOS ORÍGENES Y EL FONDO DE LA CRISIS (III)

19 junio, 2013
Publico aquí una serie de artículos con los que en años anteriores predije la crisis, analice sus causas o propuse soluciones. Releerlos nos ayuda a entender el fondo de nuestros problemas, a ver lo que aún no hemos solucionado (las causas estructurales de nuestra economía) y a intuir el camino que hemos de recorrer.
Por otro lado, los datos y las informaciones nos permiten salir del presente y recordar lo que sucedía solo hace tres, cuatro cinco años.


             ENTRE LA BABAYADA Y LA MAGIA

                        (10/05/09)

El discurso sobre la crisis ha puesto de manifiesto mucha incompetencia, mucha mentira y mucha desorientación en los discursos de los economistas y los políticos. Diagnósticos y pronósticos han sido en su mayoría, al igual que las actuaciones, más palos de ciego que otra cosa. Algunas de las afirmaciones sobre el discurrir futuro han destacado especialmente por constituir un puro eructus vocis, una especie de cruce entre la babayada —el puro hablar por no callar— y el conjuro mágico. Permítanme destacar cuatro de ellas.
Entre las más recientes y notables se encuentra la que, con motivo de la visita a nuestro país, el jueves 23 de abril, pronunciaba en portada de La Nueva España el Ministro de (Cada Vez Menos) Trabajo, don Celestino Corbacho: «Para crear más puestos de trabajo y salir de la crisis hay que activar el consumo, no abaratar el despido». Desde luego, con esta tochura, don Celestino Corbacho (¿de la inteligencia?) bien puede ocupar un puesto de honor al lado de aquel presidente estadounidense de los años veinte del siglo pasado, Calvin Coolidge, que llegó a enunciar aquella perogrullada de que «si se despide a mucha gente se produce paro». Porque es evidente que, si hay dinero, hay consumo. El problema es cómo conseguir que haya dinero, esto es, trabajo. Pues, de otra manera, ¿cómo va a gastar quien no tiene para ello por no ganarlo o cómo hacer que el que aún tiene ahorros no tema por su empleo futuro? Por lo demás, ese camino ya lo intentó este gobierno con los 400 euros que devolvió y no tuvo ello ninguna incidencia en la economía.
Aguantó casi dos años en cartelera el recitado de que «ahora que la construcción va perdiendo fuerza tomará su puesto la industria como creadora de empleo». Recordarán ustedes que no constituía sólo una logomaquia de políticos o sindicalistas, sino que abundaban en ello también algunos expertos en economía. Y, sin embargo, la proposición carecía por completo de sentido. En primer lugar, porque si la industria hubiese sido rentable ya habría tenido en aquellos momentos una mayor proporción en el PIB y en el empleo. En segundo lugar, porque la rentabilidad (la posibilidad, en realidad) de la industria implica una superior concentración de capitales que la construcción, necesita de complejos procesos de conocimiento y técnica, un mayor tiempo para su inserción en el mercado y, sobre todo, depende de la capacidad de las nuevas industrias para competir en el ámbito internacional, tanto en innovación como en calidad y precio.
            Sigue siendo una formulilla habitual la de que «es necesario un cambio de modelo económico». He aquí otro no-sentido, otro eructus intellectus. Supongamos que no se quiere afirmar mediante la troquelación que se deba pasar de una economía de mercado o libre a una economía planificada o comunista (que algunos, sí, es lo que quieren decir). De no ser ello, nada se dice entonces, porque la economía (el modelo económico) no se planifica: acuden las voluntades, los saberes y los capitales allí donde creen que pueden satisfacer necesidades, con ganancia para quienes a ellas subvienen. Y ahí no cabe hacer otra cosa que facilitar que fluyan las voluntades creadoras, moviendo obstáculos legislativos o de otro tipo, proporcionando facilidades económicas, agilizando trámites, etc. ¿Se está haciendo algo de todo ello? Como muchas veces he sostenido en estas páginas, rotundamente no. Cuando en el resto de Europa empiece a crecer la economía nosotros, ni los asturianos ni los españoles, no habremos puesto un solo pegollu para levantar el edificio.
            La última jaculatoria es la de que «despedir en España es muy barato, por eso hay ya cuatro millones de parados». Dejemos a un lado cuáles son las condiciones del despido en España y olvidémonos —que ya es bastante olvidarse— de que la cuestión es la de si la legislación vigente facilita el contratar y anima a ello, no la de si es dificultoso o no rescindir contratos. Pero, reitero, echémoslo a un lado, vengamos al tópico recitativo. ¿Se puede concluir del número de parados que el despido es barato? Pues no. Se podría concluir que es caro el puesto de trabajo, y por eso se despide; que si no fuese tan caro el despido habría aún más parados, y, entonces, sería una bendición su alto costo; que por ser muy caro y dificultoso han tenido que cerrar muchas empresas, y que por eso hay tantos parados. O, incluso, se podría concluir lo que la frase afirma. De modo que el fervorín nada dice, es una pura flatulencia que no puede ocultar la magnitud del problema: tenemos el doble de parados que la media europea.
            Así que unas veces nos mienten, otras hablan por hablar y, en ocasiones, emiten conjuros mágicos, por ver si propician que la realidad cambie al llamado de las palabras.
            Claro que, ritual por ritual, los antiguos tenían más estilo para fórmulas apotropaicas. Tal Jerjes cuando mandó azotar el Helesponto a fin de que no se le rebelara en una segunda ocasión y no volviera a fundir su puente de barcas. ¿Qué tal si don Zapatero y sus ministros —acolitantes Cándido Méndez e Ignacio Fernández— azotasen en plena plaza de Oriente a la crisis, para que se sometiese de una vez?
            Podrían completar el acto doña Bibiana Aído y las ministras, realizando, en el otro extremo de la explanada, un acto simétrico, sólo que, en su ritual, azotarían al crisos, para que así se llevase al extremo la imprescindible igualdad de género. Con zurriagos, con vergajos, con rebenques. O si se quiere, con Corbachos.

            El caso es castigar a la insolente crisis, para que se vaya de una vez por todas y, sobre todo, para que deje de poner en peligro los puestos de trabajo… de las ministros y los ministras.

LOS ORÍGENES Y EL FONDO DE LA CRISIS (III)

19 junio, 2013
Publico aquí una serie de artículos con los que en años anteriores predije la crisis, analice sus causas o propuse soluciones. Releerlos nos ayuda a entender el fondo de nuestros problemas, a ver lo que aún no hemos solucionado (las causas estructurales de nuestra economía) y a intuir el camino que hemos de recorrer.
Por otro lado, los datos y las informaciones nos permiten salir del presente y recordar lo que sucedía solo hace tres, cuatro cinco años.


             ENTRE LA BABAYADA Y LA MAGIA

                        (10/05/09)

El discurso sobre la crisis ha puesto de manifiesto mucha incompetencia, mucha mentira y mucha desorientación en los discursos de los economistas y los políticos. Diagnósticos y pronósticos han sido en su mayoría, al igual que las actuaciones, más palos de ciego que otra cosa. Algunas de las afirmaciones sobre el discurrir futuro han destacado especialmente por constituir un puro eructus vocis, una especie de cruce entre la babayada —el puro hablar por no callar— y el conjuro mágico. Permítanme destacar cuatro de ellas.
Entre las más recientes y notables se encuentra la que, con motivo de la visita a nuestro país, el jueves 23 de abril, pronunciaba en portada de La Nueva España el Ministro de (Cada Vez Menos) Trabajo, don Celestino Corbacho: «Para crear más puestos de trabajo y salir de la crisis hay que activar el consumo, no abaratar el despido». Desde luego, con esta tochura, don Celestino Corbacho (¿de la inteligencia?) bien puede ocupar un puesto de honor al lado de aquel presidente estadounidense de los años veinte del siglo pasado, Calvin Coolidge, que llegó a enunciar aquella perogrullada de que «si se despide a mucha gente se produce paro». Porque es evidente que, si hay dinero, hay consumo. El problema es cómo conseguir que haya dinero, esto es, trabajo. Pues, de otra manera, ¿cómo va a gastar quien no tiene para ello por no ganarlo o cómo hacer que el que aún tiene ahorros no tema por su empleo futuro? Por lo demás, ese camino ya lo intentó este gobierno con los 400 euros que devolvió y no tuvo ello ninguna incidencia en la economía.
Aguantó casi dos años en cartelera el recitado de que «ahora que la construcción va perdiendo fuerza tomará su puesto la industria como creadora de empleo». Recordarán ustedes que no constituía sólo una logomaquia de políticos o sindicalistas, sino que abundaban en ello también algunos expertos en economía. Y, sin embargo, la proposición carecía por completo de sentido. En primer lugar, porque si la industria hubiese sido rentable ya habría tenido en aquellos momentos una mayor proporción en el PIB y en el empleo. En segundo lugar, porque la rentabilidad (la posibilidad, en realidad) de la industria implica una superior concentración de capitales que la construcción, necesita de complejos procesos de conocimiento y técnica, un mayor tiempo para su inserción en el mercado y, sobre todo, depende de la capacidad de las nuevas industrias para competir en el ámbito internacional, tanto en innovación como en calidad y precio.
            Sigue siendo una formulilla habitual la de que «es necesario un cambio de modelo económico». He aquí otro no-sentido, otro eructus intellectus. Supongamos que no se quiere afirmar mediante la troquelación que se deba pasar de una economía de mercado o libre a una economía planificada o comunista (que algunos, sí, es lo que quieren decir). De no ser ello, nada se dice entonces, porque la economía (el modelo económico) no se planifica: acuden las voluntades, los saberes y los capitales allí donde creen que pueden satisfacer necesidades, con ganancia para quienes a ellas subvienen. Y ahí no cabe hacer otra cosa que facilitar que fluyan las voluntades creadoras, moviendo obstáculos legislativos o de otro tipo, proporcionando facilidades económicas, agilizando trámites, etc. ¿Se está haciendo algo de todo ello? Como muchas veces he sostenido en estas páginas, rotundamente no. Cuando en el resto de Europa empiece a crecer la economía nosotros, ni los asturianos ni los españoles, no habremos puesto un solo pegollu para levantar el edificio.
            La última jaculatoria es la de que «despedir en España es muy barato, por eso hay ya cuatro millones de parados». Dejemos a un lado cuáles son las condiciones del despido en España y olvidémonos —que ya es bastante olvidarse— de que la cuestión es la de si la legislación vigente facilita el contratar y anima a ello, no la de si es dificultoso o no rescindir contratos. Pero, reitero, echémoslo a un lado, vengamos al tópico recitativo. ¿Se puede concluir del número de parados que el despido es barato? Pues no. Se podría concluir que es caro el puesto de trabajo, y por eso se despide; que si no fuese tan caro el despido habría aún más parados, y, entonces, sería una bendición su alto costo; que por ser muy caro y dificultoso han tenido que cerrar muchas empresas, y que por eso hay tantos parados. O, incluso, se podría concluir lo que la frase afirma. De modo que el fervorín nada dice, es una pura flatulencia que no puede ocultar la magnitud del problema: tenemos el doble de parados que la media europea.
            Así que unas veces nos mienten, otras hablan por hablar y, en ocasiones, emiten conjuros mágicos, por ver si propician que la realidad cambie al llamado de las palabras.
            Claro que, ritual por ritual, los antiguos tenían más estilo para fórmulas apotropaicas. Tal Jerjes cuando mandó azotar el Helesponto a fin de que no se le rebelara en una segunda ocasión y no volviera a fundir su puente de barcas. ¿Qué tal si don Zapatero y sus ministros —acolitantes Cándido Méndez e Ignacio Fernández— azotasen en plena plaza de Oriente a la crisis, para que se sometiese de una vez?
            Podrían completar el acto doña Bibiana Aído y las ministras, realizando, en el otro extremo de la explanada, un acto simétrico, sólo que, en su ritual, azotarían al crisos, para que así se llevase al extremo la imprescindible igualdad de género. Con zurriagos, con vergajos, con rebenques. O si se quiere, con Corbachos.

            El caso es castigar a la insolente crisis, para que se vaya de una vez por todas y, sobre todo, para que deje de poner en peligro los puestos de trabajo… de las ministros y los ministras.

El blog de Xuan Xosé 2013-06-18 17:00:00

18 junio, 2013
Cagarriones, piripirulos, ñisos. Nos dos prunus Pisardii del IES El Piles, el 10/06/13. El procesu podéis velu n'ensiertos anteriores.


Asturianos de fai 400.000 años

18 junio, 2013
Acaben de facese públicos los prebes que confirmen la presencia d'asturianos de fai más de 400.000 años na redolada del cabu Busto. Bueno, en realidá, lo que vien de facese pública ye la colección d'ayalgues llítiques (bifaces, llasques, puntes...) qu'apaecieren de forma bayurosa y con una gran calidá de fechura.

Pa más información sobre estos asturiano de fai 500.000 años, atencedentes de los neantertales y de nós mesmos, en cuantes especie, puede pinchase equí: Hallan en Valdés...LNE 






Ranúnculos en fombra

17 junio, 2013

En Morís, Güerres, el 20/05/2013.

EL BURRU CAGARRIALES

17 junio, 2013
Imaxen de La Nueva España, del 16/06/13
Las hijas de mi bisabuelo —muchas, según los tiempos— estaban siempre dispuestas a solicitar las últimas novedades, al tiempo de que con un «¿ y por qué no yo?» manifestaban lo que hoy llamaríamos «la conciencia de sus derechos». Mi bisabuelo, un labrador de escasísimos posibles (valga el pleonasmo) solía contestarles: «¡Ni que tuviésemos un burru cagarriales!».

El burro que caga reales protagoniza un cuento, extendido por toda España, en que el pollino es utilizado como instrumento para timar a codiciosos crédulos. Pero el burro-ceca debe ser hoy, sin duda, uno de los conceptos económicos básicos que anidan en el intelecto de gran número de economistas y políticos, en concreto, de todos aquellos que, bajo el nombre de «políticas de estímulo o crecimiento», predican, en realidad, el endeudamiento sin tasa o la acuñación ilimitada de dinero.

Señalemos, en primer lugar, que existen evidencias de que las políticas expansivas no significan «per se» mejora en la actividad económica o la reducción del paro, como lo demostró el fracaso de las medidas en ese sentido del gobierno Zapatero (Plan E, deducciones fiscales, cheque-bebé). Es cierto que, en ocasiones, las políticas anticíclicas tienen resultados, pero, aun suponiéndolas bien orientadas, esto es, hacia los sectores o actividades en los que resultarán efectivas, han de tener en cuenta el nivel de endeudamiento público y privado, la balanza comercial, el costo de la financiación y otros. Pero, en todo caso, han de partir de la idea de que la inflación dineraria coyuntural (vía deuda, financiación exterior, aumento del dinero en circulación, inflación de precios, devaluaciones) debe provocar en un plazo razonable no solo el aumento de la actividad económica, sino los retornos necesarios para generar el equilibrio presupuestario a través de la recaudación. Ahora bien, el crecimiento exponencial de la deuda asumida por los bancos centrales o la emisión de nuevo dinero por los mismos, así como las rebajas de los tipos de préstamo del dinero por los bancos emisores, en la última década no han supuesto apenas un aumento de la productividad en la mayoría de los países de occidente o en el Japón, ni han servido para crear empleo masivamente, y ello pese al crecimiento de la productividad sectorial que la informática ha traído consigo. En una palabra, toda política expansiva que no tienda, al menos, al ajuste presupuestario devora sus efectos en poco tiempo y aumenta el tamaño del problema.

Pero la mayoría de los partidarios de las políticas expansivas, ya directamente visibles, ya mediante su subsunción velada bajo la capa del Banco Central Europeo, no suelen nunca aludir ni a los efectos negativos de una inflación dineraria ni a las necesarios ajustes presupuestarios (dónde o cómo efectuarlos es la discusión política) que, en ocasiones como la nuestra, son necesarios, de no subir la actividad y la recaudación en el ciclo de la multiplicación dineraria.

En nuestra situación, además, hay que recordar lo sustancial de nuestras variables económicas (deficiente productividad, escasa competitividad, poco «producto propio» para competir dentro o fuera, escasa mano de obra ocupada, altísimo paro), monetarias y fiduciarias. No olvidemos que es no solo que Bruselas y la Bruja-Piruja (al decir de algunos) nos exijan la reducción del déficit, es que la escasa confianza en nuestra economía hasta hace pocos meses, llevó a que no se nos prestase dinero, que quien lo hiciese lo concediera a un altísimo precio y a que el dinero extranjero se retirase de nuestro país. Han mejorado la mayoría de estos parámetros, pero aun no son enteramente firmes. En todo caso, y en una economía abierta, dependemos de nuestros socios europeos y de la valoración que de nosotros realicen los mercados, de su confianza en nosotros.

Y es curioso, por otra parte, que la mayoría de los entusiastas del «dale a la máquina y tira que libras» no propongan nunca la única solución coherente con sus propuestas: salir del euro, volver a imprimir moneda y arrostrar durante unos años sus consecuencias para obtener los logros previstos. Es curiosa esa falta de coherencia o de honradez intelectual.

«Será que, efectivamente, tienen un burru cagarriales, sin que los demás lo sepamos» —dice mi trasgu particular, Abrilgüeyu, que ha aparecido a mi lado repentinamente portando un saco que parece repleto de monedas—.

—Oye —le digo maliciando lo peor—, ¿no serán falsas y pretenderás dar un timo con ellas?

Me guiña un ojo y me dirige una sonrisa maliciosa.

—Al menos, esto es más limpio que lo del burro, ¿no?

Roses n’El Piqueru

16 junio, 2013

El 20/05/2013.

LOS ORÍGENES Y EL FONDO DE LA CRISIS (II)

16 junio, 2013
Publico aquí una serie de artículos con los que en años anteriores predije la crisis, analice sus causas o propuse soluciones. Releerlos nos ayuda a entender el fondo de nuestros problemas, a ver lo que aún no hemos solucionado (las causas estructurales de nuestra economía) y a intuir el camino que hemos de recorrer.
Por otro lado, los datos y las informaciones nos permiten salir del presente y recordar lo que sucedía solo hace tres, cuatro cinco años.




                LA RECESIÓN: UNA TARTA DE TRES PISOS
                                               (21/11/08)

           
            La inestabilidad en el sistema financiero mundial (que, En España, no es enteramente importada: también nuestros bancos han estado comiéndose el futuro y subiendo envites al modo en que se suben en el juego de dados llamado «el mentirosu») concluirá cuando se alcance el límite marginal de la desconfianza. Entonces, el sistema se volverá por un tiempo más cauto y las exigencias para la concesión de créditos serán mayores, esto es, no dispondremos de un dinero tan fácil y abundante como el que permitió el crecimiento exponencial de la economía mundial durante más de dos lustros. Todo ello, evidentemente, condicionará la actuación de las empresas y limitará fuertemente el desenvolvimiento económico.
            Pero en el momento en que se produzca ese arranque de la nueva situación,  España deberá enfrentarse a los problemas que desde hace décadas presenta su economía productiva: una «pésima» estructura del PIB, basado fundamentalmente en el turismo, la construcción y el endeudamiento de las familias y las empresas (que, además, exige un notable recurso a la financiación exterior); nuestra baja productividad; el déficit por cuenta corriente (el mayor del mundo en términos absolutos, después de EEUU); la alta dependencia de la energía exterior (hasta el 80% del total) con los costos que ello supone; el permanente diferencial de nuestra inflación, que restringe progresivamente nuestra competitividad; el limitado número de actividades industriales en que estamos a la cabeza de la tecnología. A ello podríamos añadir otra serie de diferencias negativas con respecto a nuestros competidores, desde las relativas a la enseñanza a aquellas que afectan al mundo del trabajo o el gasto público. Todo lo cual hace más difícil que las empresas crezcan, que exporten, que sustituyan los bienes de consumo importados por otros propios; en una palabra, que la economía se desarrolle notablemente y cree empleo. No es necesario decir que, sin esa base, no puede haber políticas sociales mantenibles ni inversión pública sostenida.
            Pero Asturies, a su vez, tiene sus problemas peculiares, también inveterados, como los del conjunto de España. Durante décadas el Estado y Europa han venido invirtiendo en nuestro país cantidades ingentes de dinero que, en general, se han desaprovechado: nuestra economía no despega ni siquiera en los períodos de ultrabonanza generalizada; nuestros jóvenes han de emigrar en cantidades notables, no sólo los titulados, sino los que pretenden empleos para los que no se exigen estudios superiores; la incorporación de la mujer al trabajo es diez puntos más baja de lo que es en España, ya baja con respecto a Europa; salvo las industrias básicas, nuestra capacidad exportadora es escasa y el tamaño de las empresas, pequeño; la capacidad de innovación tecnológica, minúscula. Además, aquí los problemas se eternizan (por ejemplo, las líneas de alta tensión de la energía eléctrica llevan ya casi veinte años paralizadas) y, lo que es más grave, la irresponsabilidad parece ser la característica más común de la administración y los partidos políticos: así, son los mismos los que impulsan dichas líneas de alta tensión y los que las paralizan. En otros casos, como en la gravísima e inminente cuestión de Cogersa, se evita enfrentarse a los problemas con tal de garantizar el bienestar y el sillón de las organizaciones políticas gobernantes. Actuaciones elementales, como la de la disposición de suelo industrial abundante, barato y bien comunicado, tardan lustros en concebirse y décadas en ejecutarse. Además, en general, nuestras clases dirigentes, más retardatarias aún que la sociedad, han preferido, en el ámbito económico, ciar para mantenerse lo más cerca posible del pasado, antes que bogar hacia el futuro.
            De modo que nuestra crisis, que ha dado en recesión y probablemente incurrirá en depresión, es una tarta de tres pisos de la que nosotros somos responsables por entero de dos de ellos (con sus peculiares paladares y texturas) y de parte del tercero.
            ¿Y ahora que se va a ir Jorgito (Bush) a quién echarán la culpa estos fenómenos?
            Acabarán pidiendo su vuelta para tener aquello que, a partir del Levítico, se llama «el chivo expiatorio», que es lo mismo que los griegos, bajo otra figuración, apodaban «fármacos».

            Claro que a la realidad le es absolutamente indiferente que el chivo sea blanco o negro, bicorne o moco. Y, si las cosas vienen muy mal dadas, incluso algunos votantes llegan a insensibilizarse ante esa farmacopea apotropaico-embaucadora.

Llupinos

15 junio, 2013

En La Miñota, Morís, Güerres, el 20/05/2013.

Arreyos al Diccionariu asturianu-castellanu (LXV)

15 junio, 2013
Sigo colos arreyos y modificaciones al mio Diccionariu asturianu-castellanu. Les novedaes, en gris.



chancletes,  m. fam. Persona de poca seriedad y juicio.
chapinar, v. intr. Darse prisa, caminar rápidamente.
chapón, m. Persona que tiene por oficio arreglar los cacharros rotos.
charada, f. Conjunto de objetos esparcidos por el suelo o personas sentadas en él. || 2. Acertijo en que se trata de adivinar una palabra, haciendo una indicación sobre su significado y el de las palabras que resultan tomando una o varias sílabas de aquella.
chata, f. Recipiente de barro utilizado para transportar agua. || 2. Capacidad que tiene una chata llena. || 3. Orinal. || 4. Orinal plano que se utiliza para que los enfermos o impedidos orinen en la cama sin levantarse. || Chata blanca, variedad de manzana, de tamaño grande y forma achatada. Su color es amarillo pajizo, coloreado en la zona de insolación. || Chata encarnada, variedad de manzana. Tiene forma redondeada, achatada, y está rayada de rojo, más o menos intenso. Madura en el mes de noviembre. || De chata, sin coste, gratuito, gratuitamente. || Valise de chata, hacer uso de algo sin pagar.

Roses n’El Piqueru

14 junio, 2013

El 20/05/2013.

LOS ORÍGENES Y EL FONDO DE LA CRISIS (I)

14 junio, 2013
Publico aquí una serie de artículos con los que en años anteriores predije la crisis, analice sus causas o propuse soluciones. Releerlos nos ayuda a entender el fondo de nuestros problemas, a ver lo que aún no hemos solucionado (las causas estructurales de nuestra economía) y a intuir el camino que hemos de recorrer.
Por otro lado, los datos y las informaciones nos permiten salir del presente y recordar lo que sucedía solo hace tres, cuatro cinco años.

                       

                   ¿EN EL 2011? PERMITAN QUE LO DUDE

                        (20/01/2009)

                             

            El señor Zapatero y el PSOE acaban de reconocer en cifra la gravedad de la situación: durante el 2009 se destruirán 600.000 empleos, el paro llegará al 15, 9% (cuatro milloninos), el déficit alcanzará el 5,85% de lo presupuestado para gastar y el PIB decrecerá un 1,6%. Puesto que las previsiones proceden de un gobierno, que de un lado, se ha venido negando de forma sistemática a reconocer la realidad y, de otro, nos ha venido mintiendo de forma reiterada, no será aventurado suponer que esas cifras serán, desgraciadamente, más negativas.
            Junto con el reconocimiento inevitable de lo inmediato, el gobierno ha abierto el calendario zaragozano y, mirando las témporas, ha realizado previsiones para en lo futuro. Entre estas se halla la de que la economía española empezará a crear empleo de forma apreciable a partir del 2011. Permitan que lo dude. Sé que la mayoría de los pronósticos sobre el futuro tienen la misma fiabilidad que los que se realizan mirando las entrañas de las aves. Pero, en todo caso, permítanme exponer aquí algunas razones para dudar de esa afirmación.
            Al margen del rabión financiero internacional, España tiene una grave crisis en su estructura económica y financiera, crisis que es independiente de la global y que ya se venía manifestando meses antes de estallar ésta. En sustancia, nuestros problemas se basan en nuestro modelo de crecimiento, basado no sólo en el ladrillo a cuenta de beneficios futuros, sino, fundamentalmente, en el consumo a base de endeudamiento. Ese consumo se ha financiado con mucho dinero del exterior (gastamos más que ahorramos); dinero que, ahora, los bancos, nosotros como particulares y el estado (de forma exponencial a partir de este momento, por causa del déficit) debemos devolver (y no tenemos, en parte). Por otro lado, nuestra economía productiva es escasamente competitiva: por trabas burocráticas para la empresa, por la carestía de nuestra energía, por nuestro atraso tecnológico, por el diferencial inflacionista, por los problemas de contratación laboral, por estrangulamientos y oligopolios en el sector comercial.
            Ahora bien, el gobierno socialista no piensa abordar ninguna de estas cuestiones. Se comporta como si estuviésemos ante una tormenta pasajera, desvanecida la cual todo volviese a ser lo mismo, y, en consecuencia, pudiésemos seguir ­—con nuestra estructura productiva escasamente competitiva y con nuestro endeudamiento— creciendo en el aire y al margen de la realidad. De ahí que todas las medidas que se tomen estén encaminadas hacia el gasto temporal no productivo (el Plan Caxigalines, la chapuza de los 8.000 millones de euros que los ayuntamientos gastarán en nonadas), a ampliar el dinero destinado al paro y a disimular con artificios el número de parados, a apoyar (de forma no muy eficaz) coyunturalmente a algunos sectores. ¿Se debe ello a pura incompetencia, al prejuicio derivado de sus anteojeras ideológicas o a que piensan que, sea cual sea el desastre, sus votantes seguirán siéndolo con tal de que les proporcionen suficiente estímulo discursivo para mantener activa su adicción?
            Por lo demás, aparte de ese planteamiento general erróneo o escapista, fuera del endeudamiento, no se conoce que ningún plan, de los salidos hasta ahora de este gobierno, relacionado con la economía productiva haya tenido efectividad alguna. ¿Las razones? El hacer por hacer, el hacer que hacemos, la hiperactividad a base de esparavanes y parajismos no lleva a sitio alguno. Pero es peor aún. Algunas de sus medidas caminan en dirección contraria a la proclamada. Así, mientras, para aliviar los bolsillos y estimular el consumo, se demanda la rebaja de los tipos de interés y se exige a los bancos que pongan crédito a disposición del público, el gobierno pugna por disminuir el numerario de los ciudadanos. De ese modo, por un decir, no se ha deflactado el IRPF en relación con la inflación del 2008. En otro orden de cosas, mientras la inflación crecerá en el 2009 entre un 0,5% y un 1,5 %,  la luz sube un 4,1%, el teléfono lo hace el 4,12%, los taxis el 7,7%, correos el 2,04%, el transporte en torno al 6%. Y también los ayuntamientos (del PSOE, del PP y de IU) se han abalanzado sobre nuestros bolsillos con idéntica avidez. Así, los conceyos de Uviéu, Xixón y Avilés, por centrarnos en los principales de nuestro país, además del mordisco del IBI para diez años sucesivos, han subido las tasas por servicios en un 5% de media, casi cuatro puntos por encima de la inflación prevista. No está mal, ¿verdad?

                        ¿Creen todos estos tipos en algo más que en su propio negocio, en sus escaños y en sus votos (no sus votantes)? Permítanme que lo dude en la misma medida en que pongo en duda los pronósticos del zaragozano gubernamental para el año 2011.u

Fombra de ranúnculos

13 junio, 2013

En Morís, Güerres, el 20/05/2013.

Más expectativas positivas

13 junio, 2013
Desde hace un año exactamente vengo sosteniendo aquí que la recuperación iba a ser más rápida de lo esperado (ya seguramente en el 2013) y que se iba a crear empleo con un crecimiento del PIB menor de lo habitual (lo habitual estaba por encima del 2%). Por esa razón, me afano en dar noticias positivas o anuncios de que las cosas van o van a ir bien, aunque no de todas, sino ocasionalmente. En todo caso, vengo intentando poner una nota de optimismo frente al discurso dominante, no solo pesimista, sino catastrofista y, en muchos casos, regodeándose en el desastre.

Ayer mismo acaban de aparecer sendos informes, del BBVA y de la Caixa. Ambos estiman que el decrecimiento terminará en este trimestre, ya con un vector ínfimo, y que empezará el crecimiento del PIB en el tercer trimestre.

Es cierto que siguen existiendo riesgos sobre el euro y que las decisiones del constitucional alemán pueden crear una seria perturbación, pero lo esperable es que ello no ocurra y que las cosas ocurran según las previsiones.

Los invito a pinchar aquí para ver el informe del BBVA, aquí para el de La Caixa.






Estes roses y la mar

12 junio, 2013

Estes roses, el 20/05/2013.

Arreyos al Diccionariu asturianu-castellanu (LXVI) (ADDENDA)

12 junio, 2013
Sigo colos arreyos y modificaciones al mio Diccionariu asturianu-castellanu. Les novedaes, en gris. Nesta addenda asoleyo palabres de lletres yá publicaes anteriores a la C, que va hasta agora pol númeru LXV, en chata.



abaratar, v.intr. Alcanzar, ser suficiente una cosa para algo. || 2. Reunir, juntar. abaratar pa|| 3. tr. Hacer más bajo el precio de un artículo. || 4. Rebajar las pretensiones. || 5. Reunir, juntar. 
abaratecer, v. intr. Alcanzar, ser suficiente una cosa para algo. || 2. Reunir, juntar. abaratecer pa.  || 3. tr. Hacer más bajo el precio de un artículo. || 4. Rebajar las pretensiones. || 5.Reunir, juntar. 
acocorar, v. tr. Mimar, cuidar con mimo. ||2. Acurrucar.
acorviar, v. tr. Dar gritos a alguno. || 2. Insultar a gritos delante de la gente. || 3. Atisbar. || 4. Vigilar. || 5. Agobiar con preguntas o peticiones. || 5. Molestar, importunar a una persona. || 6. intr. Graznar. || 7. Apresurarse. 
acorripiar, v. tr. Meter las ovejas en el corripiu|| 2. Acorralar, rodear. || 3. Acoquinar, amedrentar. || 4. Meter en la corripia o cuerria los erizos de las castañas. ||5. intr. Separarse bien los erizos de la castaña en la corripia o cuerria. 
alberque, f. Alberca, depósito de agua artificial con muros de piedra utilizado como abrevadero.
alitordu, a, o, adj. Se aplica al individuo que revive y cobra vigor. ||2. Vivaz, despabilado. || 3. Rijoso, con el deseo sexual vivo de forma permanente.
aloyeru, a, o, adj. Adulador. || 2. Contento, alegre, gozoso. || 3. Jovial. || 4. Jocoso, gracioso.
almarada, f.Cuchilla utilizada para ahuecar las madreñas. || 2. Especie de estoque.

Árbol del amor

11 junio, 2013
Un magníficu exemplar d'arbol del amor (Cercis siliquastrum, de la familia de les Fabácees), conocíu pol meyor nome d'"árbol del amor", anque tamién se lu denoma "árbol de Xudes" (diz que se colgara d'ún d'ellos Xudes) y "algarrobu llocu".

En Duz, el 24/04/13.